La comunidad indígena Kankuama, “Guardianes del equilibrio del mundo”, habita la Sierra Nevada de Santa Marta, territorio sagrado concebido como el centro espiritual del universo. Aunque su lengua originaria está en riesgo, trabajan por revitalizarla y preservar sus tradiciones, entre ellas la música de gaita y chicote y festividades como el Corpus Christi. En su vida social y económica, los hombres cultivan productos agrícolas y las mujeres tejen mochilas con fibras naturales como fique o lana. Estas piezas, sobrias y monocromáticas, son expresión de una espiritualidad profunda y de la armonía con la naturaleza que guía su cosmovisión.