La comunidad Arhuaca, habitante ancestral de la Sierra Nevada de Santa Marta, concibe su territorio como el corazón del mundo: picos como cabeza, ríos como venas, lagunas como corazón. Con una cosmovisión que distingue entre “hermanos mayores”, guardianes de la naturaleza, y “hermanos menores”, la humanidad que aún debe aprender, los Arhuacos han resistido la colonización preservando lengua, tradiciones y espiritualidad. Su universo simbólico, estructurado en nueve niveles, guía la vida cotidiana, mientras la ganadería y la producción de lana sostienen su economía en equilibrio con el entorno.